Lunes, 30 Junio 2014 14:12

Crítica y recomendación de la película 'Margin Call', estreno hoy en la 2 de TVE. Con Kevin Spacey (House of cards) y Simon Baker (El Mentalista): El día que el mundo cambió...rumbo a la crisis

Escrito por  Publicado en Cine en televisión: recomendaciones , Hoy en TV

Margin Call Pelicula

  • Margin Call (J.C. Chandor, 2011) se estrena hoy en la 2 de TVE, en el espacio Cinefilia, a las 22 horas.
  • Nuestra recomendación más enérgica de esta película, que tiene la capacidad de retratar con sumo detalle el origen de la crisis que aún hoy estamos sufriendo, y deja de lado pamplinadas dramáticas para centrarse en la crudeza del asunto.
  • Si The Company Men desviaba excesivamente la atención hacia las repercusiones en la vida personal y convertía el film en algo soporífero y, finalmente, edulcorado por un ñoño happy endMargin Call concentra el impacto de la crisis, y el efecto sobre el espectador es poderoso, en varios sentidos...

"Margin Call: el día que cambió el mundo". Crítica completa:

Cuando los que nos estamos tragando la crisis tengamos 80 años y nuestros nietos nos pregunten por los sucesos más destacados de nuestra época, obviamente les hablaremos de cómo un día los bancos se fueron a pique, Grecia se convirtió en la oveja negra de Europa y todos nos ajustamos el cinturón hasta quedarnos con cintura de avispa. Y para probar tales acontecimientos, nos pedirán imágenes, que para entonces los textos serán reliquias de museo, y nosotros les pondremos alguna película en no se qué nuevo formato.

Margin Call Poster


Para que ese entrañable momento pueda acontecer, en nuestros días ya se están filmando y estrenando cintas que tienen por tema la crisis económica  y que versan sobre la vida de las personas afectadas por ella: The Company Men, Inside Job, La doctrina de shock o la serie de HBO, Too Big to Fail, entre otras.

Yo ya sé qué les pondré a mis nietos: Margin Call (J.C. Chandor, 2011) tiene la capacidad de retratar con sumo detalle el origen de todo y deja de lado pamplinadas dramáticas para centrarse en la crudeza del asunto. Si The Company Men desviaba excesivamente la atención hacia las repercusiones en la vida personal y convertía el film en algo soporífero y, finalmente, edulcorado por un ñoño happy endMargin Call concentra el impacto de la crisis, y el efecto sobre el espectador es poderoso, en varios sentidos...

Margin Call

Margin Call (Image via RottenTomatoes.com)

La originalidad de Margin Call reside en el punto de partida de su trama, que se sitúa exactamente en el día que precedió al estallido de la crisis. Nos encontramos en un banco (Lehman Brothers, ¿quizás?) en el que se empiezan a suceder rápidamente una serie de despidos. Uno de los afectados, Eric Dale (Stanley Tucci) abandona su oficina dejando atrás toda una vida profesional, pero también un último mensaje. Ese mensaje es el detonante de esta historia. De nuestra historia. Sus compañeros descubren una serie de cálculos, fórmulas o algo similar (disculpen, yo soy de letras) con los que Dale alerta sobre un inevitable descalabro económico y el desplome del banco, y con él, del capitalismo. A partir de ahí, las 24 horas más largas y agónicas para unos pocos magnates de Wall Street. Aquellos que se enriquecieron a base de bien, ahora ven como sus ganancias pueden volatizarse en cuestión de horas y esa situación de tensión se aprovecha para desvelar su auténtica cara. Y esa es una de las virtudes de Margin Call: ponerle cara y ojos a esa especie de titán invisible que tiene a medio mundo sumido en la pesadumbre. El titán está formado por un grupo de ejecutivos de dudosa moralidad, pero a los que la película tampoco se empeña en retratar como seres despiadados; sencillamente muestra la irresponsabilidad de sus acciones y su contribución a una corrupción generalizada. No nos descubren nada nuevo, todos sabemos de las jugarretas que se dan allí arriba, pero al verbalizarlo y al contextualizarlo en unas circunstancias que todos conocemos, el impacto a la conciencia es directo.


Esa sensación surge también por la manera como el director ha montado esta historia. En Margin Call la acción es casi inexistente y se prioriza la atenta observación; se trata de una sucesión de diálogos entre compañeros, de reuniones de valoración, de encuentros fortuitos en los pasillos. La película no sale de la oficina y la palabra se convierte en la forma de expresión principal. Realmente parece que  J.C. Chandor se hubiera encontrado el guión de todo lo que pasó aquella noche de 2008 y nos lo muestre tal cual, sin censuras, con la agria verdad que se cuece en su interior. En este se combinan conversaciones y discursos dignos un periodo de guerra en los que te lo juegas todo una carta, con momentos totalmente banales en los que los personajes discuten sobre temas absolutamente anodinos. Porque ese es otro de los puntos fuertes de la cinta: tiene la capacidad de retratar las 24 horas más importantes de la historia reciente con una mezcla de solemnidad y banalidad que se reparten a partes iguales.

En el fondo, el mensaje que se nos quiere transmitir es el de un sistema desgastado por sus abusos, que repentinamente “despierta” (ese verbo se convierte en eje fundamental del film) y revela así todos sus mecanismos de control, pero también todas las incoherencias personales de sus habitantes. Y la palabra va a ser la materia para sellar constantemente esa doble visión.

El riesgo de haber tomado esa decisión es que el tempo de la película es extraordinariamente lento y pide un nivel de implicación racional que no todas las audiencias estarán dispuestas a cumplir. La película intenta explicar de la manera más diáfana posible lo que sucedió en 2008, pero tan al pie de la letra, tan paso por paso, que al fin Margin Call es una cadena de consecuencias muy grande pero muy limitada que puede aborrecer muy pronto, sobre todo para los que se esperaran un gran relato apocalíptico.

El enclaustramiento en la oficina aún aumenta más la sensación de no-acción, de que a la cinta le falta brío, claro que si uno asume el reto de internarse en ella, en su tensa atmósfera, descubrirá en esa oficina a unos depredadores financieros heridos en lo más hondo y sangrando por todas partes. La película sólo tiene 24 horas para hablarnos de ellos, pero cada uno queda perfectamente retratado. 7 hombres y 1 mujer al borde del abismo. Eso es Margin Call.


El director ha depositado en sus personajes el valor de la película, y por ello no los abandona y mantiene siempre a alguno en plano. Esto concede al film un equilibrio, puesto que cada cuál tiene su espacio y el tiempo necesario para su reflexión y la exploración de sus emociones. En este sentido, Margin Call ha creado en mi la poderosa sensación de una obra de teatro, en la que oficina, como escenario, recibe progresivamente a diferentes intérpretes que aportan nuevos significados a la trama, así como nuevos giros y nuevas escenas.

El trabajo de los individuos me resulta más interesante que el de los conjuntos: en este último, el director no puede evitar caer en ciertos tópicos visuales, como las típicas carreras por los pasillos a lo Ala Oeste, o las reuniones extraordinarias en situaciones de caos; dichas escenas dependen del conflicto global, y en este sentido J.C. Chandor tiene poco margen de actuación.

Por el contrario, al adentrarse en el terreno personal, la riqueza compositiva crece y concibe planos tan conmovedores como el del personaje de Kevin Spacey sobre su perro enfermo, el del joven ejecutivo llorando en el retrete al saber que será despedido, o la absoluta soledad de Demi Moore frente a las ventanas que dan a la ciudad; esa imagen me ha recordado poderosamente al Lost in Translation de Soffia Coppola, algo no anecdótico y que se repite en el tratamiento de la luz sobre los personajes al andar por la ciudad.

Como en la cinta de Coppola, la urbe deja de ser un lugar agradable, confortable, acogedor, y es ese sitio donde nos hayamos perdidos, desubicados, en un frenético caos que ya no controlamos, o bien recluidos en un decimoctavo piso desde el que observamos una mole de cemento y hierro en la que no somos nada, una mota de polvo que se eliminará si hace falta con la mera justificación de que la mole siga en pie.


No podemos dejar de alabar a Margin Call. Que una película reúna a Kevin Spacey, Jeremy IronsPaul Bettany, Zachary Quinto, Simon Baker, Demi Moore y Stanley Tucci, no se puede negar que invita a ser vista, por no decir que obliga a verla. Y lo mejor de todo, es que no hay ninguno que no cumpla, están todos sensacionales. De hecho, el sopor que puede causar la cinta por tanta verborrea se anula en muchos tramos por la poderosa atracción que generan estos intérpretes con sus diálogos y la basculada expresividad de sus intenciones.

Ofrecen al conjunto una naturalidad y una consistencia que favorecen a que un tema como el de la crisis se digiera fácilmente y uno tenga ganas de seguir adentrándose en cada uno. Esa implicación del espectador es crucial para que intervenga en los mismos dilemas que se plantean a lo largo del film, para que reflexione y se demuestre a si mismo que dar respuestas unívocas sobre la crisis no siempre es sencillo. Esa apertura al pensamiento convierte a Margin Call es uno de los mejores títulos en cuánto a la crisis se refiere, porque aprovecha el tiempo de que dispone no para hilvanar subtramas innecesarias como sucedía en The Company Men sino para ahondar en la propia lógica de la fractura económica y sus responsables.

En este sentido, para mi hay tres escenas insuperables y de lo mejorcito que nos ha dejado el cine reciente: primero, el momento en el que Jeremy Irons, jefe absoluto del banco, entra a la reunión, con esa seguridad que sólo un veterano como él puede transmitir, y la manera como su personaje solventa el conflicto al que se enfrenta la empresa: se vende todo y punto; luego, la conversación del mismo Irons con Spacey en un restaurante en lo alto de la ciudad, en el que el primero expone la sucesión infinita de crisis a lo largo de la historia y la evidencia de que todas han sido superadas, y que seguirán viniendo otras. Tan frío, tan claro. Y para terminar, quizás la más emotiva de todas: ese final en el que Spacey cava un agujero en el jardín para enterrar a su perro, en una suerte de defunción definitiva de un modelo cuya posterior evolución ya queda fuera de la pantalla. Ya forma parte de nuestro mundo.


Margin Call ha resultado ser un producto sobresaliente en una semana que no auguraba grandes títulos. Está por ver si este nuevo género del cine de crisis recibe la acogida esperada, o si nos han machacado tanto por todas bandas con el tema económico, que preferimos ir a ver a Sarah Jessica Parker antes que a reflexionar sobre la lacra de nuestro tiempo. Claro que también es cierto que Hollywood se moja hasta donde quiere, y hecho en falta un film que abandone las altas esferas y cuente lo que está pasando más abajo y las penurias que sufren los que no se pasean por oficinas sino por la calle. Quizás es que la fábrica de sueños aún no está preparada para ello.

 

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