La conducción ofrece una falsa sensación de libertad, de cierto poder, de dominar el asfalto, la velocidad que cosquillea en la boca del estómago. La cabina aísla del exterior y estás a solas contigo mismo, sientes seguridad en tus actos, el volante es una herramienta de control, el equipo de audio es el amigo con el que te comunicas mientras escuchas tu música favorita.
Todo lo de fuera llega amortiguado, los sonidos externos parecen surgir desde un mundo de ficción. El resto de los vehículos con los que te cruzas son entes anónimos sin rostro. Es como si en lugar de ser tú el que se desplaza, lo hiciese el paisaje que te rodea...
Todo está de paso, todo surge en un punto del horizonte allá al frente, nada permanece, excepto el cielo, el sol, la luna y las estrellas, testigos silenciosos de tus andanzas que comprenden la adrenalina de la soledad al volante, que entienden el aislamiento de los solitarios.
DRIVE es mucho más.
Es puro cine y una BSO imprescindible.








