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Jueves, 26 Enero 2017 11:08

Reseña de "La interpretación del asesinato", de Jed Rubenfeld

Escrito por  Publicado en El simple arte de leer

Vale, lo confesaré desde el principio: escogí este libro seducido por la contraportada, el más mendaz, el más desvergonzado de todos los cantos de sirena. A partir de ahí, quejarse no sirve de nada...

La contraportada de La interpretación del asesinato nos hace creer que nos hallamos ante una novela de misterio en la que el Dr. Freud, de Viena, se enfrenta a un asesino en serie de ricas herederas en el Nueva York de principios del siglo XX. Apenas bastan treinta páginas para comprobar que eso no es cierto...

 

Todo empieza cuando una rica heredera es encontrada torturada, asesinada y casi desnuda en un exclusivo edificio de apartamentos de Manhattan, justo el día en el que Freud, acompañado por Jung y Férènczi, llega a Nueva York para pronunciar una serie de conferencias. Al día siguiente es atacada una nueva joven, que sobrevive a la agresión pero pierde a la vez la voz y la memoria y ahí es donde  entran en juego el psicoanálisis y Freud. Sugerente ¿ verdad?. Y falso, porque en esta novela casi todo lo es en diferentes grados que van de la falta de verosimilitud al engaño deliberado.

 

En la extensa nota final, Jed Rubenfeld nos asegura que el Nueva York que acoge la peripecia es fruto de una extensa y minuciosa investigación. No lo dudo. Pero es triste que todo es esfuerzo no le sirva a Rubenfeld para recrear el Nueva York de la época más allá de la anécdota y el detalle: me trae sin cuidado que los taxis fueran rojos y verdes y me importa un bledo si el sueldo de un obrero era de tres dólares semanales; quiero saber cómo olían esos taxis y que suponía montarse en uno de ellos para alguien de 1909 y quiero saber cómo se las arreglaban los obreros con tres dólares semanales, porque si no, huelga el detalle del color y huelga el detalle del sueldo.

 

Gangs Of New York

Image by Aesum via Flickr

 

Por un breve instante, de unas veinte páginas, tuve la agradable sensación de entrar en un mundo ya conocido gracias al cine, desde Gangs of New York a Érase una vez en América, pero Rubenfeld abandona pronto ese trabajo y se contenta con darnos datos y datos, más como el guía de un museo que como un escritor. Para no ser injusto diré que se salva de eso la escena del hallazgo del cadáver de Elsie Sigel - que está basada en una escena real. Edith Warton es citada de manera explícita en dos ocasiones y Henry James sufre una suerte de chiste erudito cuando Freud se refiere a él como el hermano del psicólogo William James; una pena que a parte de hacerlo objeto de un chiste para lectores listos, Rubenfeld no siga el consejo más famoso de James: " No lo digas; muéstralo".

 

Caso aparte son los personajes, siempre a un peligroso paso del estereotipo. No Freud, es cierto, pero con Freud pasa algo muy curioso: Rubenfeld parece temerle, como si no estuviese muy seguro de poder manejarlo; tal vez de ahí viene la necesidad de que aparezca en escena Stratham Younger, personaje que no sería necesario de manera estricta. Quizá por eso y consciente de su falta de carisma - tendría más si fuera un plato de sopa fría- Rubenfeld le cede, de manera caprichosa, la voz cantante de la narración de vez en cuándo, sin que eso cambie substancialmente la misma.

 

Peor suerte corre Jung: es apenas un señuelo, un sospechoso, una pista falsa, de la que se aumenta su lado ridículo para hacernos saber que es uno de los malos de la película, no sea que vayamos a pensar por nuestra cuenta y lo veamos como el que tiene razón en su discusión con Freud. Claro que si uno lo piensa bien peor todavía les va a Brill y a Férènczi, dos meras comparsas cómicas. Todo lo anterior no son, de todas formas, más que pecados veniales: una suerte de maughamnismo, es decir, no respetar al lector por considerarlo incapaz de encarar la complejidad y masticárselo todo para que no tenga que hacer ni el más mínimo esfuerzo. Eso me molesta pero puedo perdonarlo.

 

Lo que no le perdono a Rubenfeld es que sea un tramposo: el engaño deliberado.

 

"El arte es engaño", nos dice el Dr. Younger en la página 442. No estoy de acuerdo. Para mí el engaño se produce cuando una de las dos partes de un trato ignora las intenciones de la otra parte, en la que confía. La ficción es un engaño que no es tal porque autor y lector se han puesto de acuerdo en sus bases: uno finge engañar y el otro finge creérselo. Si el autor engaña de verdad es porque no respeta al lector.

 

Ya, ya sé que La interpretación del asesinato es una novela de misterio, y que es normal que el autor nos oculte información o que nos la presente de manera confusa; pero muy diferente a eso es que nos mienta: no los personajes, sino él. Si uno tomaEl halcón maltés, novela en la que los personajes están mintiendo todo el tiempo, advierte que sin embargo Hammet no nos miente en ningún momento. Rubenfeld no tiene escrúpulos en mentir incluso cuando está usando el monólogo interior, con lo que puede dudarse de que sea monólogo y sobre todo de que sea interior. Creo que no se puede tener peor intención.

 

Tal vez he sido muy severo, con una novela de la que saldrá una buena película - apuesto que los derechos ya están vendidos al cine- pero es que no me gusta que me engañen ni que me tomen el pelo.


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LA INTERPRETACIÓN DEL ASESINATO, de Jed Rubenfeld



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