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Escrito por Castrator
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Cover of "Polite Force"

Cover of Polite Force

Con su segundo disco "The Polite Force", Egg gestaron su obra cumbre y además uno de los discos más impresionantes y llamativos de la línea progresiva derivada de Canterbury. Dave Stewart, Mont Campbell y Clive Brooks crearon un trabajo que irradia grandeza musical e ingenio creativo por todos sus innumerables poros, destacando sobre todo el derroche de energía! del órgano de Stewart, que asume una posición de mando poderosa con sus alucinantes cortinas, acordes y solos a manos de su siempre refinado ejecutor, sin olvidar tampoco algunas sonoridades extra aportadas por el bajista Campbell.

‘A visit to Newport Hospital’ es la pieza que abre el disco y comienza con un ambiente introductorio bastante hard, no ajeno a la onda de los primeros Deep Purple o incluso de Arzachel, una banda previa a Egg y cuya referencia no es casual, pues la letra es basicamente un candido repaso por la historia de Egg desde los días en que se llamaban Uriel a finales de los 60. La parte cantada tira mas para un ambiente moderadamente jazzeado, nada bombástico, pero si sofisticado desde una perspectiva progresiva.

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La reaparición del motivo introductorio en la parte final hace que el tema termine con un estupendo broche de oro. El siguiente tema ‘Contrasong’ está construido con una cierta afinidad hacia la big band, con esos arreglos de metales que añaden una polenta positiva al tema que además cuenta con un cuarteto de saxofonistas y trompetistas para reelaborar el colorido intrínseco del motivo original. Este tema permite a la banda emparentarse momentáneamente con la vibración alegre de unos Caravan por poner sólo un ejemplo, aunque claro está sin perder un ápice de su esencia.

A modo de frontal contraste ‘Boilk’ (titulado al igual que uno de esos minúsculos interludios del disco debut) se enfila en las canteras de la vanguardia experimental, creando un ejercicio de “bombardeo” sonoro bizarro y travieso, no tanto agresivo como si chocante, pero manteniendo una suerte de rara fineza a través de sus casi 9 minutos y medio de duración. En ‘Boilk’ encontramos exhibiciones de generador de tonos, sonidos de vibráfonos y campanas, corrientes de agua, instrumentaciones improvisadas editadas en reversa.

Incluso al final contiene un hermoso pasaje de Bach tocado por Stewart con clase y serenidad, nada parece faltar en esta celebración de lo deconstructivo, un festín donde se combinan los aromas alucinados de la musique concrete y los sabores atrevidos de la psicodelia primigenia floydiana. La segunda mitad de este disco esta conformada por la suite cuatripartita ‘Long piece no. 3’, la misma que me atrevería a designar como la pieza cumbre de toda la trayectoria de Egg. Cada una de sus partes contiene un interesante flujo de cambios de ritmo y ambientes, compases complejos sopesados con fluidez y sin pirotecnias.

Pero la cosa no acaba aquí, también podemos escuchar espectaculares viajes de órgano en los cuales la sofisticación es llevada con moderación y fineza, reiteraciones efectivas y ocasionales ideas melódicas con gancho. La primera parte esta mayoritariamente basada en juegos de síncopas elaborados con solemnidad y una engañosa ambientación espartana; en realidad lo que se alude en los espacios vacíos es tan relevante como las notas y acordes ejecutados. La segunda parte comienza con un motivo bastante sereno, incluso con un aura un tanto romántica.

Un motivo que se detiene para que emerja un flujo sonoro experimental medidamente perturbador. Las cosas vuelven poco después a la serenidad con un equilibrado dialogo entre el piano y el órgano, con el toque incorporado de algunas líneas de corno francés. La tercera parte es la más compleja en términos de composición; aquí Stewart deja constancia de su inocultada admiración por Keith Emerson. El empleo de efectos de generador en el último minuto es un equivalente a los delirios de Moog que Emerson casi ha patentado.

La última parte es la más breve, no llegando a los 3 minutos de extensión. La influencia emersoniana planea de nuevo y sigue presente en esta atractiva coda, la cual concluye con un reprise de algunos de los juegos de síncopas presentes en la primera de las cuatro partes. En definitiva un gran disco de este excelente power-trío puntero del Canterbury; y es que la obra discográfica de Egg es un ítem infaltable en la colección de cualquier melómano progresivo y serio, especialmente si tiene una sensibilidad jazzera.

 

 

 

 

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