Martes, 21 Febrero 2017 10:52

Can - Tago Mago (1971): Alemania, cuna de grandes artistas

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Cover of "Tago Mago"

Cover of Tago Mago

Alemania, además de ser la protagonista y líder de una desastrosa político económica europea de "austeridad", se caracteriza también por haber sido cuna de muchos artistas.

Hoy nos remontamos al año 1968 y algo aparentemente sin importancia estaba apunto de suceder: Holger Czukay, Irwin Schmidt, Michael Karoli y Jaki Liebezeit, un grupo de jóvenes músicos alemanes inquietos, estaban a punto de formar un grupo que bautizarían como Can; posiblemente la banda más importante dentro de esa corriente llamada krautrock.

Influenciados por el Jazz, los sonidos étnicos, la experimentación sonora, la música concreta pero sin abandonar las coordenadas de la música popular de su tiempo como el rock o el blues navegaron por nuevos mares de experimentación creadora. Los músicos de la banda tenían una sólida formación, Holger Czukay, el bajista, era discípulo de Stockhausen; Irwin Schmidt, el teclista, se formó como pianista y director de orquesta, estudió con personajes claves (Cage, Berio, Stockhausen) y trabajó con gente como Steve Reich o Terry Riley.

Por otro lado Jaki Liebezeit, el batería, había tocado con algunos de los grandes del Jazz del momento y Michael Karoli era un consumado violinista pasado a guitarrista. Podemos decir de ellos y en especial de Holger Czukay, que son precursores del home studio, con su laboratorio casero se adelantan en varias décadas a lo que ahora puede ser la base de la creación musical para muchos artistas electrónicos y no tan electrónicos.
 
Fueron también precursores en la utilización de sonidos grabados como vía para expresar emociones. Su capacidad para manipular el sonido, utilizar maquinas estropeadas y otras muchas cosas es otra muestra del adelanto que tenían sus ideas. "Tago Mago" es su tercer álbum de estudio y fue editado en 1971. Originalmente era un álbum doble, pero actualmente está disponible en un solo CD. Dentro de su discografía es frecuentemente considerado su trabajo más importante, ya que es su álbum más experimental, arriesgado y el más influyente.
 
La escucha de este "Tago Mago", nombre extraído de una pequeña isla de propiedad privada situada en las Baleares y próxima a Ibiza, debió resultar por aquel entonces complicada, lo que ellos hacían era completamente nuevo. Los temas son experimentales, con una fuerte elemento improvisado y exploran los aspectos más inconscientes de la persona, toda aquella parte de la psique que se enlaza con lo espiritual y lo místico. La música es como un ritual iniciático que intenta despertar las esquinas perdidas del alma.
 
La voz del japonés Damo Suzuki, encargado de sustituir a su primer cantante Malcolm Mooney, se desataba de toda atadura y era capaz de crear un lenguaje nuevo, apto solo para la expresión de emociones, no para comprenderlas o poderlas racionalizar. Sin duda conseguían sonidos nuevos que no tenían comparación y para colmo toda esta maravilla se hizo tan solo con un cuatro pistas. En definitiva, un viaje sin referencias claras que por aquel entonces suponía internarse en lo desconocido en busca de la libertad absoluta y creo que casi 40 años después, supone lo mismo.
 
Adjetivos como creativo, audaz, actual y arriesgado definen muy bien la esencia de un disco en él que se interceptan no solo toda la mixtura que ya de por sí implicaba el rock de los 60, sino que además incorpora todas aquellas exploraciones que en aquella época se hacían en el campo académico de la música. Karlheinz Stockhausen y Jimi Hendrix se dan la mano finalmente originando Una psicodelia sin parangón, radicalizada y sin cura, que hace de las suyas en un disco que desquiciará a los mismísimos militantes del krautrock.
 
Piezas experimentales como "Aumgn" o "Peking O" son el testimonio claro de esa época gloriosa en la que los músicos dejaron de crear música para empezar a descrearla. La primera es un collage de sonidos de más de 17 minutos (que ocupa toda una cara del vinilo) y el resultado que percibe el oyente es un abisal discernimiento apenas melódico sobre especies de mantras que la voz de Suzuki hace cada vez más hondos, recordándonos de manera manifiesta su origen asiático (es fácil reconocer, en las alucinadas vocalizaciones de esta pieza, los bajos registros que alcanzan los cantos sagrados de los monjes budistas tibetanos).
 
Por otra parte, "Peking O" es un ejemplo de desquiciamiento experimental donde el vocalista Damo Suzuki es el gran protagonista. Ambas constituyen las piezas más impresionantes del album y aquellas que nos adentran en las zonas más confusas de nuestras concepciones. Pero no todo en este disco es demencia, las tres primeras piezas son dulces composiciones en contraposición al resto. "Oh Yeah" es una canción con sonoridades particulares, casi ajenas a todo lo que se hacía para la época; melodías y voces trémulas que asoman con timidez y que parecen ir al reverso dan la sensación de una espiral descendente.
 
Finalmente nos quedan otras dos piezas: "Halleluwah" y "Bring me coffee or tea"; de las que sobresale la primera, una jam de 18 minutos (que también ocupaba toda una cara del vinilo) con influencias del funk y basada en la repetitiva y compleja percusión de Jaki Liebezeit. Se trata pues de un dilatado discernimiento musical sobre una base rítmica estable, una de esas composiciones que encanta tanto a los músicos de Can. "Bring me coffee or tea" cierra el álbum y es una pieza propicia para dejar reposar todo lo que nos ha suministrado este disco sin precedente.
 
"Tago Mago" se ha convertido en uno de los álbumes experimentales más reconocidos y que ha recibido mejores críticas; aunque todavía no estamos ante un "disco clásico" (en el sentido estricto de la palabra) a pesar de que en este no tan futurista 2009 se cumplen 37 años de su salida. No es un clásico porque aún se le escucha, con todo el compromiso que implica escuchar un disco como este. No es un clásico porque hoy más que nunca se hacen variaciones sobre sus motivos y sus ideas, sobre sus fórmulas y sus modos de composición; sirva todo el movimiento avant-rock como ejemplo.
 
No es un clásico porque es y fue totalmente anacrónico, ajeno e imbuido al mismo tiempo del espíritu de los adorados 60s. Y finalmente, no es un clásico porque, al ser totalmente anacrónico, no le ha quedado otra que ser eternamente actual. Hoy yo puedo hablar de él como de un disco que apenas salió ayer en los listados de cualquier pagina web especializada en buena música. Quizás Can haya creado con este disco lo más parecido a un anti-clásico. "Tago Mago" no es una influencia y a veces ni siquiera es un disco; es una variación compositiva que debe implicar de por sí otra creación bajo otros nombre de grupo o artista.


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