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Miércoles, 22 Julio 2009 06:42

Jugando al desconcierto: Madonna se luce en directo

Escrito por  Publicado en Crónicas de conciertos 2023-2024

Caos, dispersión y desconcierto. Ya desde el primer momento, y hasta el game over final de la pantalla que Madonna utilizó en todo momento para lanzarnos contínuos despistes, con mayor o menor acierto. Pero ella, por si acaso, prueba con todo y con todos. Al final, pocos pudieron mantenerse sentados, pues desde su frialdad de estrella inalcanzable, Madonna contagió las ganas de fiesta a todos. Así que, si siempre advertimos que no hacemos críticas de conciertos, sino contracrónicas, hoy ni tan siquiera vamos a hablar de un concierto, sino de un desconcierto: el que sembró, adrede, la más lista del mundo del pop: Madonna.

Ningún crítico musical puede asegurar si todo el concierto fue en playback. Quedó claro que sí lo fue en algunos momentos, pues en muchas canciones Madonna dirigía su micro a otros puntos distintos al de su boca, y la voz de la diva seguía sonando. Pero ese playback no está grabado en un estudio, pues ella es la mejor vendedora de motos del Universo Pop, y las grabaciones son también en directo, no sabemos cuando, ni donde.No es nuestro trabajo juzgar este hecho, así que lo dejamos para los entendidos. Lo nuestro es hablar de sensaciones, y así lo haremos también en esta ocasión.

madonnaY la primera sensación fue la de estar en un vulgar concierto de verano, a pesar de que el cielo amenazase con la lluvia (que no hubiera descuadrado en un show tan conherente como incoherente). Te sientas, y asistes a un inicio de concierto distinto, descafeinado, en el que la artista sorprende por primera vez (y serán muchas a lo largo de la actuación), con una aparición mucho más discreta de la habitual. Madonna, esta vez, no bajó del cielo, ni salió de ninguna circunferencia, ni tan siquiera escogió unos primeros temas potentes. Sentada en su trono, sintiéndose dominadora a pesar de un primer tema, "Candy Shop", flojito. Primer desconcierto de una serie de muchos, como lo es el hecho de que incluso los que fuímos más críticos en un primer momento, acabamos disfrutando como posesos, dejándonos llevar, y a pesar de ser conscientes de que esta no es la misma Madonna (o sí) de aquellas primeras giras.

Y es que, a pesar de que parecía que estábamos en una terracita de verano y sonaba una música bailonga que no nos acababa de transmitir, sabíamos que ahí, muy cerca, subida en su trono, estaba Madonna. Así que atentos a lo que pudiera pasar, sin quitar ojo de lo que sucedía, porque en todo el concierto no puedes dejar de mirar: en una línea tensa e intensa que no da respiro al espectador, avasallado por las coreografías, las pantallas, las estrellas invitadas a través de ellas, las innumerables referencias culturales, los cambios de estilo en vestimenta, baile, ritmos, sonidos y culturas. Hay de todo y para todos, y si te despistas, te lo pierdes.

Cuando es de noche, miramos al cielo y siempre nos fijamos en la luna, aunque tengamos a muchas estrellas a nuestra disposición. En este concierto, a pesar del montón de opciones que teníamos entre bailarines, vídeos en pantalla, mensajes subliminales, músicos, coristas y un largo etcétera de posibilidades, tus ojos siempre siguen y buscan a la estrella: nuestra Material Girl de siempre.

La segunda canción fue "Beat goes on", y nos trajo la primera intervención en pantalla, la de Kanye West(más tarde aparecerían una Britney Spears encerrada y un Justin Timberlake inspirado). Madonna, siempre atenta a lo que vende, se ha fijado, claro está, en el rap, el hip-hop y todas las variantes de la música de baile que dominan en la década que ya termina. Y todos han sido incorporados a su actuación, porque es su manera de reinventarse. No sabemos si es la mejor opción, pero como ella es la más lista, se respeta, y uno se deja llevar. Así, aunque las versiones de "Vogue" o "Human Nature" suenen extrañas, hay que seguir esperando, y seguir atento a lo que pueda suceder.

Y lo que sucede es que Madonna se da cuenta de que la fiesta no está a la altura. Y lo anima todo, y a todos, lenta, sutil y progresivamente. Al final, es inevitable levantarse, incluso lanzarse a la pista (lo cual a alguno de nosotros ya nos ha sucedido más de una vez ultimamente en sus conciertos) y renunciar a su cómodo y adulto asiento. Sí, más efecto Peter Pan, en un juego que nos propone la Diva del Pop que acaba con nuestras defensas, prejuícios y recuerdos de anteriores y mejores ocasiones en los que pudimos verla mucho más melódica.

Una larga versión de "Into the groove" da inicio a una segunda parte en la que ya te metes de lleno en el vertiginoso ritmo del desconcierto, y que ya no tiene posible respiro hasta el final. Se suceden los temas, los guños, las trabajadísimas coreografías, y te encuentras bailando "Holiday", homenajeando de nuevo a Jacko con un bailarín que ejectua el famoso "moonwalk" a la perfección, una Madonna de 'guitar hero' con una guitarra que debemos suponer conectada al amplificador, un beso de tornillo con una de sus bailarinas, acordes de "god Save the Queen", la iconografía popera de Keith Harring, un reinventado "Die Another Day" o un "Music" sampleado con el "Put Your Hands Up 4 Detroit" y el "Last Night a DJ Saved My Life", de Fedde Le Grand y Michael Cleveland. Una locura non-stop.

Locura incrementada por la sensación que te da su exhibición. Madonna luce cuerpo, pero lo más importante es que luce un excelente estado físico y no para de moverse, tanto que solo verla ya agota. Uno piensa, siendo más joven que ella, que con un solo brinco de los suyos, seguramente quedaríamos desmontados y a la espera de una ambulancia. Madonna se luce, demuestra para qué sirve ir al gimnasio, nos da lecciones de aerobic y de una puesta en escena realmente currada, con unas coreografías admirables, y siempre con la pantalla lanzando nuevos colores, imágenes, señales, impactos visuales, frases contundentes, arengas, actitud y todo lo que uno pueda demandarle a un espectáculo. Mientras, ella se permite el lujazo de cantar en playback, conectar el micro cuando le apetece, y ninguno de nosotros sabemos exactamente, como funciona tal despliegue, pero reconocemos que todo cuadra, a pesar de estar muy alejados de ella, su nueva reinvención, el escaso peso artístico de sus canciones y todo aquello que, a su vez, nos tiene metidos en un frenesí artístico envidiable.

Su ambición es estratosférica, y tras la balada "Devil wouldn´t recognize you", que muchos hubiéramos cambiado por un "Live to tell", la predecible "Spanish Lesson", un "Miles away" y una especie de rúa de carnaval que puso en escena su conocido amor por lo latino, llegó un poupurri de canciones de muchos otros artistas, entre los que encontramos a Eurythmics y su "Here comes the rain again", que no hizo más que demotrar dicha ambición con una nueva demostración de visión e inteligencia.

Más desconcierto: justo en el momento en que todo el mundo ya estaba entregado y alucinado por lo que estaba presenciando, Madonna aprovecha para cantar una canción desde pantalla, queriendo demostrar que, en un concierto de estas características, que más bien es un show en toda regla, donde importa mucho la tecnología, el derroche físico y atlético o las coreografías y la brillante puesta en escena, cantar en directo no es tan importante o vital. 

Es curioso que Madonna, al revés de todo el mundo, escoja la opción del baile y las coreografías en lugar de sentarse a cantar y dejar dichas labores a su excelente selección de bailarines. Un punto más a tener en cuenta, aunque quizás su próxima reinvención debería ser al revés: priorizar la música al resto, porque de lo contrario, puede que su carrera musical caiga en un sinsentido. Ella sabrá mejor que nadie que hacer, para algo es la reina del pop, y eso incluye pocas concesiones a la nostalgia: oímos temas antiguos, sí, pero en versiones modernizadas y que nunca nos pueden llegar a gustar tanto como en su versión original. Sin embargo, una vez metido en el concierto, incluso tu criterio cambia, y debido a las innumerables satisfacciones que nos ha dado, uno asume el desconcierto e incluso se lamenta cuando la actuación, de cuajo, ha terminado.

No hubo bises, porque no hubo descanso. Un "Game over" gigante termina con una noche de fiesta y de sensaciones ambiguas contradictorias. Y esto ocurre tras escuchar las extrañas versiones de "Like a prayer" o "Frozen", o las más recientes "4 minutes" y "Give it to me". Lejos quedan esas recientes biblias envueltas en llamas, una versión desbocada del "Ray of light" y esas gafas que al final la propia artista se pone no sin una intención más añadida: el desgaste físico ha sido importante, y por si acaso el cuerpo humano pasa factura, ella misma se afea y envejece, algo en lo que no reparas hasta mucho más tarde, cuando te pones a escribir e intentas explicar lo que viviste anoche en el Estadi Olímpic de Barcelona. Seguimos, a estas horas, en un auténtico desconcierto.