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Viernes, 13 Abril 2018 13:01

Concursos de televisión: Saber que te están engañando... pero a pesar de ello querer salir en la tele y llevarte el coche o dar la vuelta al mundo.

Escrito por  Publicado en Críticas de TV

ESPECIAL


Alrededor de 1550 DC. La actual división de las Edades de la historia de la humanidad nos dice que, con la recuperación de la península ibérica para los cristianos y el descubrimiento de América por error, nuestra etapa más oscura, la Edad media, se daba por finalizada en 1492. Otra corriente historiadora añade la Biblia de Gutenberg como parte de la trilogía, pero como en tantos otros casos, no se ponen de acuerdo. Pero Spain is different, como rezaba el prodigio de imaginación que a alguien se le ocurrió para promocionar el turismo hacia España después de la dictadura franquista, aunque no se puede negar que dicha campaña funcionó. Ochenta y dos millones de turistas extranjeros en el ya jubilado 2017 demuestran que ha habido campañas publicitarias peores.

Volviendo cinco siglos atrás, nos encontramos con una sociedad española, sin apenas conciencia de una nación todavía por desarrollar y que se limitaba a que los soldados iban a la guerra porque los reyes así lo ordenaban y elegían entre ir a la guerra o ir a galeras y en la que el Renacimiento que se extendía por toda Europa desde el erasmismo hasta el esplendor italiano, parecía no llegar a España. Conflictos de intereses entre la Iglesia católica, a cuyos dirigentes no les interesaba en absoluto que la ciudadanía aprendiera a leer y escribir porque ambos son el primer paso para alcanzar el conocimiento y plantearse las primeras dudas acerca de si el individuo vive digna y justamente. Las sucesivas dinastías de monarcas absolutistas sanguinarios y una plebe más pendiente de conseguir una pieza de tomate o de pan para alimentarse ese día, y es que ambos eran la piedra angular de la dieta nacional hacían el resto para definir el contexto histórico como de estancamiento. La población no estaba para tonterías. Con una tasa de mortalidad infantil cercana al 80% antes de los doce primeros meses de vida, todo seguía siendo igual que doscientos años antes: sobrevivir un día más. Con 40 años, sin antibióticos, sistemas de aguas fecales ni agua corriente, notabas el frío aliento del invierno de tu vida en el cogote.

Y en esas apareció posiblemente la primera gran novela española ajena a los ya agotados libros de caballerías que habían alcanzado su culmen con El cantar de mío Cid, apenas cincuenta años antes de que Miguel de Cervantes Saavedra escribiera dos copias (una se la robaron) y mandara imprimir la versión inicial de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Muchas son las teorías que rodean el origen de La vida del lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. En realidad, cada filólogo especialista tiene la suya. La mía es que dicha novela fue escrita por el propio narrador y no transcrita por otra persona como se ha hecho con las infinitas reescrituras de la Biblia cada una de ellas a interés del transcriptor o de quien ordenaba una reedición, y cuando presagiaba los últimos momentos de su vida, hizo llegar a una imprenta dicha novela para que nadie tuviera conocimiento de que había sido él mismo el autor. Los postulados oficiales hablan de primeras ediciones entorno a 1554, pero como nadie estuvo allí para saberlo, solo es una hipótesis más. De entre tantas que nutren los orígenes de cualquier evento de magnitud histórica.

¿Por qué me enrollo con esta explicación histórico-literaria? Porque el Lazarillo refleja, por primera vez en letra sobre papel y hasta nuestros días, la mentalidad de la sociedad española más allá de quien no tiene que ganarse el pan cada día, dando lugar además a ese género tan nuestro y tan único denominado picaresca, lo que hoy podríamos llamar delito, pero también estupidez. Han pasado más de 450 años y nada ha cambiado desde entonces. ¿Quién no ha escuchado alguna vez una conversación del tipo: le vendí por cien euros determinado producto como nuevo que a mí me había costado cincuenta de segunda mano? Y los que escuchaban la conversación, animando al que, probablemente, le había levantado la camisa a algún incauto, ingenuo o como le quieran llamar. Y yo pago las cervezas gracias al infeliz. Solo es una anécdota, pero también podríamos mencionar todas las operaciones diarias que se llevan a cabo para pagar menos impuestos, la corrupción política, la economía sumergida o en cualquier lugar turístico las paellas para cuatro personas vendidas a 100 euros cuando en temporada baja apenas consiguen colocarlas por 40. La picaresca no es algo exclusivo de los españoles, pero es una perfecta introducción para las siguientes líneas. La conclusión es que en la mentalidad española permanece enquistado el concepto general de recibir la mano y coger todo el brazo. Se puede pensar que todo son opiniones y que 82 millones de turistas más aquellos que tienen sus segundas residencias en lugares como Sitges o Fuengirola no opinan lo mismo, pero pregunten más allá de nuestras fronteras. ¿Cómo ven los extranjeros a los españoles más allá de una semana de vacaciones? ¿Somos de fiar?

Y con los concursos de televisión, aquellos pensados para que los participantes se lleven un dinero, no iba a ser diferente. O como el despropósito de Eurovisión en 2017. A los directivos de RTVE les importa un pimiento quién vaya a Eurovisión. Como si va un mudo que no puede cantar o un manco que no puede tocar un instrumento. O el caso de Serafín Zubiri, pero aquí quisiera pensar que se trató de una excepción, ya que la canción no era mala. España no tiene amigos en Europa como para volver a ganar Eurovisión, quizás solo con una canción excepcional, y no la ha habido desde hace décadas. Quizás los chicos de la primera edición de OT podrían haber quedado mejor clasificados, pero el empeño de Rosa López en bailar durante toda la canción provocó que llegara al momento culminante sin aliento y dudo que algún espectador no reparara en que tuvo que detenerse para poder llegar a la octava más alta y aún así, tan solo le quedaba un hilo de voz. No habríamos ganado, pero se notó demasiado. Portugal tiene los mismos amigos que España en Europa, y tuvieron que encontrar a un par de hermanos, uno de ellos pendiente de un trasplante de corazón que fue conveniente publicitado, para tocar la fibra sensible del espectador, ya que la canción, un pretendido fado con melodías más propias de 2017 que del siglo pasado, no pasaba de mediocre. Pero lo consiguieron. Hoy el muchacho tiene su corazón nuevo y todos contentos.

Las audiencias mandan, como siempre, y las audiencias en España dicen que al espectador le encanta ver un concurso por eliminación y la polémica generada, como el año pasado, en el que el elegido para representar a España no era precisamente la mejor de las opciones. No solo fue la elección final, si no todo lo que suscitó. Se pueden ver docenas, cientos de vídeos en internet en los que seguidores de dicho festival dan su opinión acerca de lo sucedido. Y solo es un ejemplo de lo que se convierte en el modo de vida de un país. Todos esos programas, los concursos y los que no son concursos, se convierten en los temas de referencia en el país. Entren en Twitter a las siete de la tarde y fíjense en los Trending Topic.

Todos tenemos nuestras manías. Nuestras fobias y nuestras filias. Despacito lleva 4.700 millones de reproducciones en Youtube y mucha gente no la soporta o dice que no la soporta. Con Gangam Style pasó lo mismo, a diferencia de que en Corea del Sur hubo millones de personas a lo largo de los años que se pasaban el día dándole al Play una vez tras otra para acumular reproducciones. Por tanto, algunas cifras son ficticias.

Hoy en día, porque las cosas no cambian porque las personas no cambian, la sociedad se divide entre los que mandan y los que se dejan mandar o no les queda más remedio que obedecer porque es lo que hay. Y los concursos de televisión no son una excepción. Todavía no se nos ha ido de la mentalidad colectiva española eso de “cómo mola salir en la tele”. Otros hemos salido en ella sin querer hacerlo, pero aquí podríamos poner dos ejemplos de los tres de los que hablaré: en Ahora caigo, muchos de los concursantes van allí únicamente a contar un chiste, a demostrar a sus amigos que tienen lo que hay que tener para hacerlo o a demostrar lo que ellos consideran una habilidad especial como mover las orejas. Cantantes y bailarines con mejor o peor aptitud para ambos, a montones. Les da exactamente igual el dinero que hay en juego. En La ruleta de la fortuna, te encuentras con concursantes que pretenden dar la vuelta al mundo o llevarse el coche. Hace tiempo que no lo veo continuadamente gracias a esa masacre que hicieron con la programación a raíz de los acontecimientos en Cataluña y que solo paliaron trasladando los refritos de Los Simpsons a Neox porque al parecer hay muchos españoles que comen viendo esa serie y pusieron el grito en el cielo. Así funciona Antena 3, porque los episodios de la serie de Groening ya los tienen comprados, pero una queja similar, aunque no tan multitudinaria, se produjo con la cancelación de Vis a vis, pero dicha serie costaba dinero y el jefe/inútil de turno se negó a producir una nueva temporada. Bien por FOX y el esfuerzo realizado para cuadrar las agendas de las actrices principales y rodar una nueva temporada. Veremos con qué nos sorprenden cuando Macarena vuelva a prisión.

El mayor premio que dio el concurso más tramposo de la televisión, a menos que hayan dado otro mayor del que no tenga conocimiento, fue de 22.000 euros. Y se pasaron una semana anunciándolo para que el viernes en que emitieron la grabación del programa, la audiencia aumentara espectacularmente. Y te sale el presentador diciendo que tienen un presupuesto y hay que cumplirlo. Un concurso ideado para que sus participantes se lleven dinero y tienen un presupuesto límite. A mí que me lo expliquen. Pues ya me dirán qué clase de concurso es ese, más grave aún si cabe si tenemos en cuenta que es una importación del original The Wheel of the fortune, toda una institución en Estados Unidos donde lleva cuarenta y cinco años en emisión y ha aparecido en una larga lista de películas y series. Para que se hagan una idea, la casilla de menor valor en la versión original es de 150$. La casilla de menor valor en la versión española es de CERO euros o LA MITAD de lo que ya tenías. La casilla original de mayor valor es de 5.000$. En España, de 1.000€. Y está dentro de una casilla rodeada de dos quiebras además de las otras dos casillas. No tienen más que comparar ambas ruletas. Las pueden encontrar fácilmente.

Y de Pasapalabra me ocuparé a lo largo de este artículo, del sorprendente cambio de rumbo de su presentador, mucho más aséptico años atrás y demasiado amigo de ofrecer sus opiniones personales en la actualidad (¿Qué tiene este hombre contra los villancicos? Y si lo tiene, ¿es de interés para el concurso?), de la división de los invitados entre los que cobran por ir (medallistas olímpicos o campeones del mundo), a los que no les apetece nada ir para que les pregunten cosas que no saben, pero están de promoción con su último trabajo y son dos millones y medio de espectadores y no les queda más remedio, y los que sí están deseando ir y entran en una lista de espera. No verán en ese concurso a la devaluada Paula Etxebarría o a los jubilados Ana Belén o Joaquín Sabina. La influencia de Christian Gálvez no da para tanto. Y si ven a alguien tan irregular como Hiba Abouk, son órdenes de management, no precisamente un deseo explícito de la actriz por ser cosida a preguntas de las que no tiene ni idea y no puede pasarse cuarenta minutos cediendo el turno al siguiente para no parecer lo que es. Y no solo en el caso de la actriz. Por poner un ejemplo masculino, los mismos Morancos. Admirable, en ese sentido, la presencia de la eterna Mayra Gómez Kemp como lo fue la de Paloma Gómez Borrero. A algunos de los invitados se les ve pasándolo realmente mal con algunas pruebas. Ya no hablaré de la pista musical, no todo el mundo tiene por qué saber de música y, básicamente, del resto de pruebas se ocupan los concursantes, que para eso están. El resto es el habitual circo de Telecinco. Audiencia y espectáculo. Pasapalabra no deja de ser un oasis en la programación de esa cadena. Para un filólogo como yo, me ha sorprendido agradablemente la introducción de la explicación del origen de dos o tres palabras de cada rosco en las últimas semanas.

Empezaremos por Ahora caigo. No diré que me cae de maravilla Arturo Valls porque siempre piensas en qué dirá ese buen hombre cuando vuelva cada día a su casa y cierre la puerta. O es tal y como se le ve, o interpreta un papel. Lo que sí diré es que me hace gracia. Su capacidad para improvisar está más que demostrada y su gran memoria como contador de chistes, más o menos buenos, regulares o pésimos, también. Pero no hace mucho tiempo escuché a alguien decir que no le soportaba. Una persona, una opinión. Lo importante es tenerla. En cuanto al concurso en sí, a veces resulta molesto que repita las preguntas cuando el cronómetro se ha puesto en marcha, porque despista al concursante más de lo que ya lo está. Todo el mundo habla de los nervios que te hacen quedarte en blanco, y supongo que en ocasiones será cierto, pero como no es mi caso, imagino que hay de todo. Quien realmente se queda en blanco y quien solo intenta justificar que no sabía la respuesta. El nivel de los concursantes de La ruleta es ínfimo, parecen elegidos a propósito porque a mí, sinceramente, me parece insólito que, o bien no conozcas el funcionamiento de un concurso de televisión y llames para participar porque no sabes vivir sin usar tu móvil, o bien no prepares una estrategia y alternativas por si no funciona antes de meterte en el plató. No hay más que fijarse en la inmensa mayoría de concursantes que ni siquiera se fijan en la ruleta a la hora de tirar para intentar apuntar a la casilla que les interesa. A la de 200 euros, por ejemplo. Sabes, o deberías saber, que van a hacer todo lo posible para que te lleves calderilla o incluso nada, y aún así, te conformas con el DVD en el que apareces concursando. En este caso, el nivel de los concursantes de Ahora caigo mejora, pero no es el día y la noche. Los que quieren demostrar su nivel y además llevarse dinero de verdad se van a Pasapalabra o a Boom. Saber y ganar no es lo mismo, aunque por lo que tengo entendido, muchos de los concursantes de Pasapalabra han pasado antes por el concurso donde Jordi Hurtado es eterno amo y señor. Por lo visto hay algo parecido a la figura del concursante profesional. Suelen empezar en concursos locales y regionales, dividen sus vidas entre trabajar lo justo y memorizar todo lo que pueden, y a medida que consiguen victorias menores, se deciden a ir a por los grandes. Mi gran amigo David Leo dejó toda su vida durante un año para estudiar y nada más que estudiar antes de aparecer, primero en el concurso de Hurtado, y después en Pasapalabra. Muchos lo hacen cuando les llaman con meses de antelación. Aunque eso no es estudiar, es solo memorizar, es decir, lo mismo que hizo Lilith Manukyan, memorizadora de multitud de palabras y expresiones del español, pero una muy pobre conversadora. La chica es armenia, tampoco vamos a ensañarnos con ella. Su mérito es indiscutible. O como dijo recientemente Moisés Laguardia, que otras personas leían un libro en el autobús y él se ponía el reproductor portátil y escuchaba un rosco tras otro. Como decía Stephen King en Apocalipsis, el infierno es repetición.

Los conceptos de los concursos son distintos, pero por una vez Antena 3 le gana la partida a Telecinco y los botes acumulados en Boom son mayores que en el programa de Gálvez. Mencionaremos también a la habitualmente nombrada por Gálvez Lucía Sesma, la lingüista del concurso y quien prepara las definiciones, en algunos casos, para hacérselo mirar. Solo hay que ver su perfil de Twitter que por supuesto no atiende. Es su libertad. La modestia no es una de sus virtudes. Parece que olvide que hay más de 100.000 filólogos licenciados en España y unos cientos de doctorados, quien suscribe uno de ellos. Y con la ayuda de los dos diccionarios utilizados en el programa y cincuenta enciclopedias sobre cualquier disciplina del conocimiento humano, prácticamente le dan el trabajo hecho y le sobra para echar una timba de póquer. Un exceso de arrogancia por su parte. Una vez le envié un mensaje para retarla amistosamente a que me dijera el significado de una palabra concreta. Todavía estoy esperando a que me responda. La arrogancia, la soberbia y el creerse más de lo que uno es suele ser moneda de cambio de quien pone en su perfil “Sé muchas palabras”. Pues la que le dije no la sabe, señora. Y, si no tengo mal entendido, un doctorado todavía sigue siendo más que un máster.

Resumiendo, con Ahora caigo. Nueve de cada diez programas presentan la misma estructura. Nuevas pruebas desde septiembre de 2017. Concursante central elegido entre los once que van a participar ese día. No recuerdo a ninguno que llegara a la cuarta ronda con los tres comodines, y si eso sucede, misteriosamente y en una sola ronda los pierden todos. Suelen incluir la prueba de “la palabra gallina” justo antes de la publicidad, pero si aparece un central que vaya deshaciéndose de sus rivales como rosquillas, adelantan dicha prueba. En una ocasión llegaron a mostrar, sin el menor disimulo, cómo una buena concursante le quitaba los tres comodines a una mediocre central y después de hacerlo, ofrecieron una pregunta del tipo de qué color es el caballo blanco de Santiago para que el central acertara sí o sí e inmediatamente se fueron a por ella con preguntas del tipo nombre del sherpa que acompañó a Sir Edmund Hillary en la primera coronación de la cima del Everest. La concursante falla, y como al fallar tiene que seguir ella, otras tres preguntas fueron de igual o mayor dificultad hasta conseguir su objetivo, vaciar de comodines todos los casilleros y que fueran sucediéndose los participantes.

La concursante es eliminada y, sin disimular su lógico enfado porque han ido a por ella, intenta hacer algún tipo de comentario porque la manipulación ha sido evidente. Pero para eso está la trampilla. A la mínima queja, para abajo. Así ha sucedido en varias ocasiones. Parece que todo el presupuesto se les va para un posible bote de Boom, ya que los concursantes suelen llevarse entre 5 y 10.000 euros. Lo máximo que se puede conseguir son 22.001 sin llegar al final, pero pocos van más allá de la octava ronda, menos a la novena y siempre bajo la misma mecánica igualmente preparada: un par de preguntas para despistar, y le cae la bomba al concursante central: apellido del jugador de fútbol en honor al cual crearon el Trofeo Pichichi. Se trata de Telmo Zarra, pero el jugador se apellidaba Zarraonandía, y la respuesta exige el apellido completo. El/la concursante central no lo sabe, pasa turno, y a partir de ahí el de fuera puede o no saberlo. Y ahí se deciden el 99% de los programas. Media docena de personas alcanzaron la última ronda, la de los cien mil, el año pasado. Y solo una de ellas se los llevó. Sin duda, debió parecerles contraproducente que los aficionados al concurso pudieran decir que durante todo 2017 no dieron el premio mayor ni una sola vez. Pero esperaron a noviembre. También resulta pintoresco, y es que Arturo Valls le hace gracia a quien se la hace, pero tampoco es una lumbrera, cómo le dan indicaciones constantemente a través del auricular. Mención aparte para las dos azafatas que yo he conocido, no sé si ha habido alguna más. Me gustaba Cris, no tanto Mireia, pero lo que también me resulta difícil de calificar es ver a Mireia vistiendo la misma ropa durante… ¿Dos meses? También lo hacían con Cris, pero en este caso resulta más chocante porque Cris llevaba mucho tiempo y siempre te fijas en el nuevo. Lo que resultaría preocupante es que se tratara de una falta de vestuario. O quizás solo es el olvido del responsable de vestuario, pero no me parece de recibo ver a una azafata llevando dos meses seguidos el mismo conjunto. Eso no sucede en La ruleta. Algo bueno tenían que tener. Pero a favor de Mireia, y después del lógico periodo de adaptación, al menos yo percibo cómo va conquistando poco a poco a la cámara y soltándose más.

Y ya que estamos con La ruleta. No puedo decir nada bueno de este concurso, pero intentaré ser suave. A mí personalmente me gustaba mucho Paloma López. Creo que tenía un dominio del plató, un saber estar y un desparpajo naturales que no tiene Laura Moure, quien me parece absolutamente sobreactuada y sospecho que no goza de la confianza de los directores del programa puesto que, mientras fui espectador habitual del concurso, a esta muchacha llegada del mundo de la moda y la imagen, le mantuvieron cerrado el micrófono durante mucho tiempo, por si acaso, aunque supongo que ella misma se encargaría de no abrir la boca porque era la azafata nueva en un trabajo que no es cualquier cosa, es aparecer cada día delante de unos dos millones de personas. Pero la figura de Laura Moure no es relevante para mí. Tiene algo que no tenía Paloma López e imagino que será el baremo que utilizaron los productores a la hora de contratarla, y es una voz perfecta para ganarse el sueldo en lo que se lo gana, es decir, con los anuncios publicitarios. Paloma imitaba bien a Shakira, pero no tenía un registro vocal agradable como imagen y voz de una marca patrocinadora y Laura Moure sí tiene ese registro. No cabe ni mencionar la buena presencia, requisito imprescindible. Sobre todo lo demás, y como decía el sabio, si no tienes nada bueno que decir sobre una persona, no digas nada. Por eso me ahorraré muchos comentarios sobre mi tocayo Jorge Fernández. Parece haber copiado últimamente a Gálvez, ya que cuando aparece uno de esos panales con una de esas grandes frases sabias para la vida, le da por contarte la suya. ¿Nos importará si le gusta más la carne o el pescado? Muy sobrado este hombre, y al menos en los últimos inicios que he visto, aparentan formar una perfecta pareja televisiva que en mi opinión no pega ni con cola de carpintero.

Pero como en todos estos casos, con cambiar de canal, listo.

Para terminar, y concluyendo este artículo después del conocimiento del fallecimiento de Steven Bochco, mi particular homenaje a uno de los grandes productores, en este caso de series de televisión. Yo me quedo con mi favorita, Hill Street Blues, parte de la historia de la televisión y quizás la única serie que no he podido conseguir completa además de Eastenders, aunque en este caso nunca llegó a doblarse al español, solo al catalán, y TV3 no dio la serie entera. Aunque me gustaría saber quién tuvo la ocurrencia de traducirla al español haciendo referencia al estilo musical, Canción triste de Hill Street, cuando sus creadores se referían a la comisaría de policía cuyos miembros uniformados lo hacían de ese color. Creo que tampoco habría quedado mal, simplemente, Los azules de Hill Street. Como en otros famosos casos, ese mágico “tengan cuidado allí fuera” que quedará siempre para el recuerdo al lado de otras como me encanta que los planes salgan bien o que parezca un accidente. Buen viaje Steven.

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Comentarios (3)
  • celtic3342
    Haré una única excepción en este caso con G, y es que nada más leer su primera frase me he dado cuenta. ¡¡¡Se me ha olvidado el que canta como el zumbido de una mosca!!! No sabes cuánto me alegra no ser el único que se da cuenta. Es muy curioso que se hayan gastado un dineral, porque el batería es muy bueno y al teclista le conozco personalmente y de vez en cuando acompaña a alguien tan poco conocido como David Bisbal (de ahí sus numerosas ausencias como no sucede en el caso del cantante y el batería) y suele aparecer en la gala contra el cáncer que se celebra en mi pueblo de adopción una vez al año, en el equipo de sonido que además tienen que conectar y equilibrar con el sonido en directo, y sin embargo se hayan sacado de la manga a este chico, Joaquín. Siempre digo lo mismo: un dineral en los músicos y la calderilla para los concursantes. El baterista como se dice ahora toca con una batería electrónica Roland que puede irse a los 5.000€ cuando una batería tradicional Yamaha sin grandes ambiciones está en 500€, y dudo mucho que la ponga él. Es una cuestión de practicidad. Tendrían que hacer equilibrios para poder tocar con una batería de parches de aceite con todos sus micrófonos en directo en un plató de televisión. Solo con que el batería se emocione un poco y le dé más fuerte, el técnico de la mesa de mezclas se iría directo a urgencias. Por eso no llevan bajo eléctrico. Curioso también que la marca del sintetizador esté tapada con cinta aislante. Al principio creía que era un Korg M1, pero compré uno hace unos meses y no lo es. Demasiado vintage. Y todavía no he conseguido saber cuál es. La guitarra eléctrica, por supuesto una Fender Stratocaster, habría que ver si made in USA o made in México, sobre todo porque hay 500€ de diferencia entre una y otra y la mexicana no es Fender, es como los Huawei, marca blanca de Samsung como Masmovil es marca blanca de Orange. Y es cuestión de gustos y del sonido que quieras para tu guitarra, pero si Fender pone a la venta una Stratocaster recién salida del horno por 400 euros, eso ni es Fender ni es nada. Una Squier mejorada y poco más. Y la mesa de mezclas que utilizan para conectar micro, guitarra y sintetizador (mono) es más rara que un perro verde. Y ese cantante. Lo que se puede decir de él es que no desafina, seamos justos, tiene su formación aunque algún gallo se le ha escapado, pero yo personalmente no le echo la culpa por razones obvias. Y también se puede decir que, a menudo, tiene que lidiar con unos temas que no elige él y apañárselas como pueda. Aunque no creo que sea mileurista precisamente. Y ellos mismos dicen que se reúnen únicamente para preparar los temas y tocarlos poco después. Y me lo creo, porque tanto el teclista como el batería se mueven en otros círculos. Lo que a mí me gustaría es ver a este buen hombre tocando una canción compuesta por él y que no tenga que poner una cejilla en La, quinto traste de la guitarra, para disimular sus muchas carencias. El problema de su voz es que no pasa de dos octavas, y un cantante debe cantar como mínimo en tres. Y si llega al programa y le ponen en la lista "Desátame" de Mónica Naranjo, supongo que el infarto le dará a él. Pero para eso le pagan. Seguro que eso sí entra dentro del presupuesto. Gracias por recordármelo.
    Vi ese programa de Pasapalabra, y en este caso tengo que discrepar. Efectivamente es como dices, pero yo también le escuché pronunciarla mal. Exacto, Glasnost. Y la pronunció mal, y él mismo se dio cuenta o prefirió no meterse en problemas, ya que los espectadores vemos lo que vemos, no todo lo que sucede en el plató. A mí me resulta imposible creer que todos los invitados se llevan bien entre ellos, y creo que piques pretendidamente amistosos hemos visto unos cuantos muy mal disimulados. El concursante recordaba la definición, pero serían los nervios o le falló la memoria y pronunció la fonética, no la palabra. Es como si le hubieran preguntado por la Perestroika y hubiera dicho Perentroika. Pero en este caso y en casi todos los demás, para mí la culpa es de la ya mencionada. Tiene instrucciones, como todos, y a menudo sucede que Gálvez lee la definición y cuando tú mismo ya tienes la palabra en la cabeza le añade una última vuelta de tuerca que lleva a una acepción secundaria. Y lo dicho, hace meses que le pregunté por la palabra "gualtrapas", importada por la emigración andaluza a la Barcelona de los 80 y 90, y por supuesto ni me contestó ni lo hará nunca. Es de esas personas que le da a "me gusta" cuando la pones por las nubes y te bloquea si la criticas. Pero sigo sin ver su doctorado y el mío está en el trastero. Que le pregunten a esta señora si le habría gustado que dirigiera su tesis doctoral alguien tan poco conocido en el mundillo como Mercedes Serna. Eso es algo que nunca podrá decir, igual que yo no digo que sé muchas palabras a pesar de que le pondría una lista de 50 que se pasaría años buscando y muchas no las encontraría, y mi doctora...
  • G  - Añado unas cosillas
    En la mención a "La Ruleta de La Fortuna", te has olvidado del "cantante", que cuando una canción resulta ser la respuesta del panel, casi siempre la destroza literalmente, dándole su "toque personal", es decir cantando todas las canciones con el mismo tono.
    De "Pasapalabra", últimamente cada 2x3, sale una polémica. Me llamó la atención leer que a un concursante no le admitieron una respuesta porque le faltó una s en la pronunciación de una palabra de origen RUSO. El concursante en cuestión respondió "Glasnot", en lugar de "Glasnost". Manda narices, que en el concurso de una cadena en la que gran parte de la gente que sale en ella roza el analfabetismo y le da continuas patadas al diccionario y a la gramática se pongan tan exquisitos con la pronunciación de una palabra rusa.
    Respecto a los colaboradores, ¿Quién no recuerda aquel fatídico momento de "Atrapa Un Millón" en el que Remedios Cervantes, le hizo perder el premio final al concursante cambiando los 5.000 € que había conservado hasta el momento, a la respuesta incorrecta en los 2 últimos segundos, sin darle tiempo a reaccionar y dejándolo con cara de circunstancias? Menos mal que, ante la avalancha de críticas en la red, el programa reaccionó llamando al concursante que tuvo otra oportunidad y acabó ganando 15.000 €.
    De todos los concursos que hay, sólo me quedo con 2: "Saber y Ganar" con el "inmortal" Jordi Hurtado" y "Boom", donde ahora están "Los Lobos", ex concursantes y magníficos de "Saber y Ganar" y antes estuvieron "Las Extremis", también ex concursantes de "Saber y Ganar"
    Respecto a la traducción de "Hill Street Blues", como "Canción triste de Hill Street" la palabra "Blues", además de ser un estilo musical, también significa "Melancolía"en inglés. Así que no me parece una ocurrencia de los traductores, ya que esa traducción no es incorrecta. Lo más seguro es que no supieran que los creadores se referían a la comisaría de policía, cuyos uniformes eran azules. (Aunque en ese caso, la serie debería llamarse "Hill Street Blue"s", con apóstrofe y s) Y para ser más rigurosos, ¿por qué no tradujeron "Hill Street", como "Calle Colina"?.
    Un Saludo
  • Araceli Riera  - Concursos de tv.
    Si alguna vez se me ocurre ver un concurso en lla tv., me acordaré de este artículo.MUY BUENO,!!

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