La mirada crítica: Una jornada más, las consecuencias socio-económicas de la erupción del volcán islandés ocupan las portadas de los periódicos, los telediarios o las tertulias radiofónicas y televisivas. Queda claro, pues, que el tema vende. No es que les importe, sino que vende. A ver si nos acostubramos a ver el mundo real de una manera más realista, es decir, crítica.
Medios de comunicación amarillistas: Desde hace unos años, con la televisión de nuevo como precursora de una moda en lo que por ahí llaman 'información', se da voz a los afectados por cualquier desgracia. Esta tendencia ha cuajado también en los periódicos, que cada vez son más amarillistas y menos rigurosos en su forma de tratar la información, dar opinión, hacer crítica y, en definitiva, informar diciendo las cosas de una forma clara y realmente educativa. El discurso políticamente correcto se ha instalado incluso en las columnas de opinión, y en algún caso, hay que ir a la sección de cartas al lector para encontrar alguna crítica realmente severa que no disculpe ni relativice aquello de lo que se está intentando hablar.
La desgracia vende...luego cualquier hecho mínimamente negativo es una desgracia: El caso que nos ocupa, el de la erupción del volcán islandés, es otro ejemplo de este tipo de pseudo-información que se ha impuesto en los últimos años. La notícia está, según parece, en los aeropuertos, y en los problemas de las personas que iban a hacer un viaje y pobres ellos, no han podido. Este son el nuevo tipo de 'desgracias' que los medios de comunicación utilizan para vender sus productos, carentes de información, contenido y, sobretodo, de intenciones críticas o educativas.
Un penoso panorama informativo: Esto no es una desgracia, sino un fenómeno de la naturaleza que entra dentro de las posibilidades. Pero lo que vende es entrevistar a la família de una chica que iba a casarse en Verona y que, debido al caos aéreo, no han podido hacerlo. La boda ha tenido que ser suspendida, y esto nos es vendido como media catástrofe, e incluso diversos medios se rifan a la família para ver quien consigue la exclusiva. Y así cien mil ejemplos más que no vamos a enumerar para no desperdiciar un espacio como este.
La búsqueda del culpable: Como penoso es ir viendo a todos los seres humanos afectados por el tema: todo el mundo busca un culpable, cuando habría que entender que no siempre hay alguien a quien echarle la culpa, pues no siempre se trata de buenos y malos. En este entorno, el ser humano puede divertirse con una de las prácticas que más le gustan: la de quejarse, la de hacerse la víctima, la de reclamar constantemente. Y los medios de comunicación están ahí para darles voz, puesto que habrá otros seres humanos en casa viéndolo, y buscando culpables, solidarizándose con las supuestas 'víctimas', y quejándose también de lo mal que funciona todo. La retro-alimentación de estas actitudes se convierte, pues, en algo imparable.
Incoherencias eco-solidarias: Lo único que ha sucedido es que un volcán ha entrado en erupción, algo que debería alegrar a toda esa masa de personas amantes de la naturaleza, que sueltan, a la mínima que pueden, aquello de "qué sabia es la naturaleza". Lejos de ser consecuentes con ello, es imposible encontrar a un sólo ecologista de los que se llenan la boca con este tipo de frases que, en este caso, destaque la magia de los hechos naturales como este. En efecto, como podíamos suponer, si el ecologista se ha visto involucrado en alguno de los viajes cancelados, está vomitando quejas, ejerciendo el victimismo y buscando culpables. Asimismo se ha comportado el eterno solidario.
El dinero es lo que importa: Todo esto tiene unas consecuencias económicas, por supuesto, pero como todo: vivimos en un mundo capitalista, y seguiremos viviendo en él, aunque muchos expertos en economía afirmen que el modelo está acabado. En este caso, ahí están las compañías de vuelos reclamando también, cuando en realidad deberían también pensar en que esto es un gaje del oficio: el mismo atractivo que vendes, que es el del viaje a unas tierras donde algunos de los atractivos turísticos pueden ser, cómo no, los volcanes, u otros fenómenos de la naturaleza, comporta unos riesgos que debes asumir. Pero quien llora, acaba mamando algo, y seguro que las compañías acabarán consiguiendo algo de las entidades bancarias. Asimismo, los viajeros recuperarán el importe de sus billetes.
Los olvidados: pero alguien (o todo el mundo, incluídos los medios de comunicación que tanto se preocupan por el ciudadano viajero), se van a olvidar de que hay más personas y empresas a las que les va a afectar este tema a nivel económico: hablo de organizadores de ferias y congresos, dueños de hoteles, hostales, restaurantes y otros servícios y comercios que no cuentan para nadie. Sin embargo, estamos seguros de que, si no están en la primera línea de visión del sistema, no sólo no serán indemnizados, sino que los medios no les harán ni caso. El mismo espectador que se solidariza con el viajero, pensaría: "¿y este, que está pidiendo?". Desde aquí nuestro recuerdo a todas aquellas personas que con esto también pierden, pero que no tienen derecho a nada, y deben conformarse con un "esto es lo que hay". Parece que, según cual sea tu rol en cada una de las situaciones, tendrás derecho a más o menos. Todos nos encontramos con situaciones adversas, pero uno ya sabe, automáticamente, con cual debe conformarse y en cuál reclamar.
Los beneficiados: Por último, están aquellos que se alegran de la notícia, puesto que les ha favorecido a nivel económico: hablamos de los transportes tipo autobús, trenes y demás. Para ellos se trata de una buena notícia, y si sumamos este último punto a todo lo expuesto, resumiremos en algo que ya sabíamos, pero que tratamos de olvidar: el mundo está podrido de arriba a abajo, la solidaridad brilla por su ausencia y cada ser humano va a lo suyo poniéndose la careta que mejor le queda según la situación: desde el dueño de la compañía aérea o el periodista preocupado, pasando por el ecologista/solidario de turno y terminando por el pueblo, que parece intocable, pero al que desde aquí señalamos con el mismo dedo que al resto.
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