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Lunes, 14 Marzo 2016 02:01

JAIME GIL DE BIEDMA: EL POETA QUE QUERÍA SER POEMA.

Escrito por  Publicado en Polaroids
Pandémica y celeste - Poemas de Jaime Gil de B...

Pandémica y celeste - Poemas de Jaime Gil de Biedma (Photo credit: Antonio Marín Segovia)

La primera vez que tropecé con Gil de Biedma fue como traductor; suya es la traducción de Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood que publicó Seix Barral. La segunda, como escritor de diarios. Me regalé en mis Sant Jordis solitarios de antaño una edición barata del Retrato del artista en 1956. No me cayó demasiado bien: un pijo barcelonés.

Leí hace poco a Félix de Azúa describiendo Barcelona como una sociedad de castas similar a la hindú y le doy la razón; yo estoy casi al otro lado del espectro. Por entonces se mató el mayor de los Goytisolo al caer por una ventana y me compré su antología poética, lo que me llevó a descubrir a Jaime Gil de Biedma como poeta.  



Y ahí olvidé mis rencores sociales. Gil de Biedma sigue siendo mi poeta favorito, sea o no el mejor de nada, y yo desearía haber escrito sus poemas y no los míos. Me gustan sus palabras de familia desgastadas tibiamente, su conversacionalidad, que copió de Auden. Por alguna razón que nadie explica, tuvo que irse a Salamanca a acabar derecho, y después se marchó a Inglaterra, donde entró en contacto con la poesía inglesa contemporánea, de la que aprendió algunas lecciones - y de paso las introdujo entre sus amigos.  

Encuadrado por edad en la poesía social, su inteligencia le evitó acabar siendo un poeta de época, ya que su ironía le impedía tomarse en serio como alto ejecutivo de Tabacos de Filipinas y a la vez portavoz de la justicia social. Una de las muestras más sorpendente de su carácter es su examen de redacción en el examen de ingreso a la Escuela Diplomática: en él se proponía escribir una redacción glosando una capital europea donde se desease ser embajador. Gil de Biedma escribió una redacción en la que pedía ser embajador del pueblo segoviano donde pasaba los veranos. Por supuesto, no entró en la Escuela Diplomática. 

Afirmaba haber escrito muchos poemas durante los consejos de administración o mientras nadaba; fue legendaria su afición al alcohol y los chaperos, algo que formaba parte de cierto culto a la juventud, aunque no a la muerte prematura, por amor a la vida. Su obra poética es corta si la comparamos con sus contemporáneos, pero no se debe a la mala vida ni a las aficiones, sino a su agudo sentido crítico.

Gil de Biedma enmudeció después de la publicación de Poemas póstumos - título que es todo un manifiesto; durante veinte años tuvo que soportar la pregunta ¿ por qué ya no escribe? a lo que daba las más variadas respuestas, con la increíble paciencia de no mandar a nadie a la mierda. Yo creo que no escribía porque pensaba que sus poemas ya no iban a estar a la altura de sus mejores logros y, con elegancia, prefirió el silencio. Si se equivocó o no, no lo sabremos, pues al parecer no hay manuscritos con intentos posteriores de poemas. Una de las respuestas más agudas que dió a la pregunta de marras fue la siguiente:

Yo pensé que quería ser poeta, pero en realidad quería ser poema


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