Necesitaba un merecido descanso. Tantos días, semanas, meses y años enmendando los errores de la naturaleza cansan a cualquiera. Se diga lo que se diga, la vida de un cirujano plástico es agotadora. Si me decidí a viajar en aquel crucero por la costa occidental de África fue tanto para encontrarme a mí mismo como para huir de mi circunstancia.
No me relacioné en exceso con mis compañeros de viaje, a pesar de la promesa de aventuras galantes que los viajes suelen ofrecer. Pasé la mayor parte del tiempo en mi cabina, leyendo el libro que me había regalado mi amigo Santaeugenia antes de partir de Barcelona: "Supersticiones, ritos y costumbres" de la costa atlántica africana, escrito por Sir Walter Samuel Kensington Market, miembro de la Cámara de los Comunes que a mediados del siglo XVIII fue destinado en una legación diplomática al hoy desaparecido Reino de Anbiki. El objetivo de dicha legación era asegurarse la explotación de los ricos yacimientos de azufre del reino; su éxito fue tal que ya no queda azufre en esta parte de África.
El escaso trabajo que le proporcionaba su misión, permitió a Sir Walter dedicarse a recorrer el reino para realizar estudios de botánica, su verdadera pasión. En el curso de dichos estudios entró en contacto con los lugareños y recogió, con esa ironía y confianza en La Razón que ni el terremoto de Lisboa hizo perder a su siglo, costumbres, ritos y supersticiones: desde la quema de muñecos fetiche a las supuestas metamorfosis en animal de los hechiceros, todo con puntual y oportuno comentario y, en plena moda de la literatura epistolar, como si se tratase de cartas que enviaba a los miembros de su club de Londres.
En la última carta, una de las más divertidas, describe cómo ridiculizó a un hechicero que pretendía curar unas fiebres tercianas quemando una efigie de madera del enfermo. Más tarde, de vuelta en Sussex, Sir Walter Samuel Kensington Market murió por combustión espontánea, no quedando más de él que la casaca, la peluca y los zapatos con hebilla. Terminé el libro justo antes de la última escala de nuestro viaje. Se celebraba una cena de etiqueta y, dada mi cierta notoriedad - no en vano soy el responsable de los pechos de la señorita ..., actriz de fama internacional- estaba invitado a la mesa del capitán. Dos señoras entradas en la cincuentena, tal vez futuras clientas, y sus respectivos maridos, una joven periodista, propietaria de una graciosa nariz imperfecta y el mismo capitán completaban la mesa. La conversación navegaba por los lugares comunes y los rumbos trillados. Se hablaba de aficiones y patrimonios. La joven de la nariz graciosa, que esperaba no se retocara nunca, me miraba de vez en cuando como invitándome a rescatarla. Decidí dar un giro a la charla. - ¿Saben? He estado leyendo un libro muy interesante durante el viaje. - ¿Ah, sí? ¿ Cuál? dijo la joven casi con entusiasmo. - Supersticiones, ritos y costumbres de la Costa Atlántica Africana, de un tal Sir Walter Samuel Kensington Market, delegado diplomático de la Gran Bretaña en el hoy desaparecido Reino de Anbiki. - ¡Qué casualidad! dijo el capitán. Malumba, que es el puerto donde llegaremos mañana, era la antigua capital de Anbiki. Floreció durante los siglos XVI y XVII, gracias al tráfico de esclavos, primero en manos de los portugueses y después de los holandeses. En la segunda mitad del siglo XVIII llegaron los ingleses y tuvieron a bien acabar con el rey y toda la familia real. - ¿ Qué dice Sir Walter en su libro? ? preguntó la joven. - Bueno, describe cómo actúan los hechiceros, sus trucos y sus fraudes, de una manera muy divertida, como si fueran cartas que escribe a sus amigos de Londres.
Los dos matrimonios comían en silencio, alejada la conversación de los apellidos y el dinero.
- Todavía hay hechiceros en Malumba ? terció el capitán- Y aunque usted no lo crea tienen más clientela que los médicos formados en universidades europeas. - Me lo creo perfectamente. Yo mismo soy como un hechicero para mis pacientes. - ¿Quiere decir que también los engaña? ? preguntó uno de los maridos. - Quiero decir que también hago magia.
Las dos cincuentonas rieron y por sus ojos pasó un momento la pregunta de cuánto les costaría volver a ser jóvenes como la encantadora jovencita que ahora preguntaba:
- ¿ Y qué fue de Sir Walter? - Murió por combustión espontánea. Es decir; se quemó de repente. Cuando su ayuda de cámara entró a llevarle el correo de la mañana sólo encontró un montón de ceniza, la casaca, la peluca y los zapatos con hebilla. - Nos toma el pelo ? dijo el segundo marido, riendo. - En absoluto. Al parecer el caso fue estudiado por la Royal Society, el British Council y la Facultad de Medicina de Edimburgo, sin que llegaran a conclusión alguna - Lo que tendrían que estudiar sería cómo no hay más combustiones espontáneas en agosto en Barcelona, dijo una de las señoras y la conversación viró al tema de conversación favorito de los barceloneses, el infernal calor estival y lo que potencia sus efectos la humedad.
Después de la cena, huyendo de los entretenimientos que el crucero ofrecía a sus tripulantes, salí a cubierta. La noche era cerrada y húmeda. Un olor penetrante flotaba sobre las olas. Era el olor de la selva, de un mundo vegetal y primario que yo conocía por las novelas de Conrad. Me gustó verla allí, tumbada en una hamaca, fumando, con una manta de viaje sobe las piernas. Me senté en la hamaca de al lado.
- ¿ Ya sabes que fumar es malo? - Lo sé -contestó- Por eso lo hago. Me gusta hacer cosas malas. - ¿ Cómo de malas? - Muy ? hizo una pausa- malas.
No seré vulgar, así que no referiré la reacción fisiológica que se operó en mí. Disimulé.
- ¿ Dónde escribes? - Donde paguen bien. - ¿ Alguna vez has pensado en escribir un libro? - Muchas veces- rió- Sobre todo de niña. El Club de los Cinco tiene la culpa ¿ Tú siempre quisiste ser cirujano plástico? - No, no. Yo quería ser santo o médico de pobres. No te rías pero, por supuesto, no quería que dejase de reír; estaba guapísima cuando reía. Se le marcaban las líneas de expresión. Tal vez un día las tuviese que retocar- Lo que pasa es que es muy difícil ser médico. La gente te explica unas historias tremendas sobre las que no puedes hacer nada. El cirujano tiene la ventaja de que su paciente está dormido. Pero- suspiré- en definitiva es una vida vacía. Mi mayor deseo es cambiarme por otro, huir de mí mismo. - Como Lawrence de Arabia, como Rimbaud. La huída de nosotros mismos. ¿Has leído Otras voces, otros ámbitos, de Capote? ? negué con la cabeza- Te demostraría que es imposible huir de ti mismo. Aunque hay una manera de olvidarse de uno mismo bastante al alcance de la mano. - ¿ Ah, sí? ¿ Cuál? - ¿ Por qué no me besas?
Cuando desperté a la mañana siguiente la almohada todavía olía a ella. No sólo su perfume recordaba lo que había pasado; una nota reposaba sobre el exiguo escritorio. Decía:
Querido: Estabas tan guapo durmiendo que no me he atrevido a despertarte. Llegamos a Malumba a las siete de la mañana. Tenemos todo el día por delante para recorrerla. Si quieres, podemos vernos alrededor de las doce en el fuerte portugués. Besos.
Miré el reloj: eran casi las diez. Me dolía la cabeza y me sentía feliz. Me duché, afeité y vestí en media hora. Bajé hasta el bar. El calor era pegajoso y el olor a selva más intenso. Llegaba del exterior una mezcla de cánticos, motores y bocinas que daba cuenta de lo animado del puerto. En el bar no había nadie, así que no pude conversar con nadie mientras me tomaba el café. Al salir a cubierta el calor me cayó encima como una toalla húmeda.
Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra, todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos.
Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: - "¿Jugamos al escondite?".
La Intriga levantó la cara intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse, preguntó: - "¿El escondite? ¿Y cómo es eso?".
- "Es un juego"- explicó la Locura-, "en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego".
El Entusiasmo se halló secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar. La Verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, si al final siempre le hallaban y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no había sido suya) y la Cobardía prefirió no arriesgarse...
Uno, dos, tres... comenzó a contar la Locura.
La primera en esconderse fue la Pereza, que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: ¿Qué si un lago cristalino?... ¡Ay, ideal para la Belleza! ¿Qué si la rendija de un árbol?... ¡Perfecto para la Timidez! ¿Qué si el vuelo de una mariposa?... ¡Lo mejor para la Voluptuosidad! ¿Qué si una ráfaga de viento?... ¡Magnífico para la Libertad! Así que terminó por ocultarse en un rayito de Sol.
El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... eso sí, sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (¡mentira!, en realidad se escondió detrás del arco iris), y la Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes, y el Olvido... ¡se me olvidó donde se escondió!... pero no es lo importante.
Cuando la Locura contaba 999999, el Amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y enternecido, decidió esconderse entre sus flores.
- "¡Un millón!"-, contó la Locura y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue la Pereza, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la Fe, discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología. A la Pasión y al Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia, y claro, pudo deducir donde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo; él solito salió desesperado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas.
"Walk on the Wild Side" es una una de las canciones más conocidas de Lou Reed, fue incluída en su su segundo álbum en solitario "Transformer" (1972) y fue producida por David Bowie, quien además hizo coros. La letra de "Walk on the Wild Side" es una especie de oda a lo que muchos no se atrevían a cantar en aquella época: la transexualidad, las drogas, los chaperos y el sexo oral; en ella aparece incluso el término “de color” para referirse a los afroamericanos. Una narración ambientada e inspirada en el Nueva York más sórdido y decadente, que tan bien conocía su creador como ya nos había demostrado en anteriores ocasiones. La música funciona óptimamente con la temática contenida en la letra y contribuye de manera eficaz para que lleguemos a sentir en todo momento ese halo de suciedad que debe impregnar en cualquier tugurio y calle del suburbio neoyorquino. El título de la canción está inspirado en una novela de Nelson Algren (A Walk on the Wild Side, 1956), que a su vez inspiró un film presentado como un arriesgado drama que retrataba con crudeza el sórdido mundo de las chicas de alterne, y constituye la suma de diferentes historias a modo de apunte que describen o nos cuentan las peripecias de una serie de personajes outsiders (transexuales, chaperos, prostitutas...).
A pesar de tocar ciertos temas que estaban todavía considerados unánimamente como tabú en el momento de su edición, la canción extrañamente no se resintió por ello y no fue ajena a recibir por ejemplo una amplia cobertura promocional en la radio en el momento de su estreno. Lou Reed usaba un lenguaje lleno de dobles sentidos, slang y juegos verbales que como algunos no entendieron lo que eran, si pasaron la censura. El único problema con ésta vino porque en la entrada al estribillo dice “all the colored girls say /todas las chicas de color dicen…” y en algunos estados del sur consideraron que eso podía ser ofensivo, por lo que hubo una versión alternativa que decía “all the girls all say / todas las chicas dicen”. La letra es una biografía velada que alude a varias de las estrellas de la Factory, el estudio neoyorquino de Andy Warhol, entre las que estaban Holly Woodlawn, Candy Darling, Joe Dallesandro, Jackie Curtis y Joe Campbell. ¿Quienes eran esos personajes?, de ellos hablaremos más adelante. “Walk on the Wild Side” cuenta el lado salvaje de NYC conocido ampliamente por Lou en sus diversos viajes e incursiones. Cada estrofa está dedicada a un personaje. La propia expresión es un saludo irónico, que se utilizaba en aquellos tiempos en NYC para invitar a los transeúntes y ofrecerles favores sexuales.
La canción no es sólo un escándalo sobre la realidad transexual, sino una denuncia, cruda y realista, sobre las vivencias y las salidas posibles de aquellos que tenían unas tendencias sexuales distintas a las convencionales o a las que eran socialmente aceptadas. Durante la canción podemos apreciar un solo de saxo simplemente memorable, cuya tórrida y sensual interpretación lo han convertido en una parte indispensable del tema; además es de éstos que fácilmente se te quedan grabados en la cabeza, y es que apuesto a que todos los que hemos escuchado el tema varias veces somos capazes de tararearlo en mayor o menor medida; fue obra de Ronnie Ross, quien curiosamente había enseñado a tocar este instrumento a David Bowie durante su infancia. Musicalmente hablando; otro ingrediente característico, inconfundible e identificable cien por cien con "Walk on the wild side" es la doble linea de bajo grabada por Herbie Flowers, primero con un contrabajo y después con un bajo sin trastes, logrando de esta manera un efecto sonoro indescriptible. Artistas de muy distinta índole han realizado múltiples versiones del tema; personalmente de todas las que he escuchado me quedo con la de Albert Pla cantada en español con su sello inconfundible bajo el título de "El Lado Más Bestia De La Vida" . Los personajes descritos en "Walk on the wild side" son:
Holly Woodland: nacida como Harold Santiago Rodriguez en Puerto Rico, en el año 1946. Veinte años más tarde, ya era go-go en un bar de Siracusa al ritmo de "To Love Somebody" de los Bee-Gees. Miss Donut 1968 para la fábrica de donuts del padre de su novio. Actriz en ‘Trash’ de Paul Morrissey. Holly vive actualmente en Los Ángeles, aunque en el año 2004 el New York Post la diera por muerta. Prepara una película autobiográfica con un título ma-ra-vi-llo-so: “La Historia de Holly Woodlawn: Una vida arrastrada… en tacones altos“.
Candy Darling: nacida como James Lawrence Slattery en Brooklyn también en el año 1946. Devota de Kim Novak, de quien aprendió todo lo que supo, musa de Warhol y posteriormente compañera de reparto de Jane Fonda y Sofía Loren; llegó incluso a estrenar una pieza teatral de Tennessee Williams, cuyo personaje fue escrito por el dramaturgo especialmente para ella, además sale también en una portada preciosa de un disco de The Smiths (el single "Sheila take a bow" ) y Lou Reed ya la había hecho, previamente a "Walk on the wild side", protagonista del tema "Candy Says" de la Velvet Underground. Su fotografía os resultará familiar porque Antony and the Johnsons la usaron como portada de su segundo disco ‘I am a bird now’ . El 21 de marzo del año 1974, Candy Darling murió de leucemia. Antes de morir, escribió esta carta a todos sus amigos
"A quien pueda interesar. Cuando leáis esto, ya me habré marchado. Desgraciadamente, antes de mi muerte no me quedaban deseos de vivir. Incluso con el apoyo de todos mis amigos y de mi prometedora carrera, me siento demasiado vacía como para continuar con esta existencia irreal. Estoy tan aburrida de todo… Podría decirse que estoy mortalmente aburrida. Puede sonar ridículo, pero es verdad. He organizado mi propio funeral, incluída la lista de invitados, y lo he pagado todo. Me gustaría decir adiós a Jackie Curtis, creo que eres fabulosa. A Holly, a Sam Green, un verdadero amigo y una persona noble, a Ron Link, nunca te olvidaré. A Andy Warhol, qué te puedo decir, a Paul Morrissey; Lennie, sabes que te amé, Andy, tú también; Jeremiah, no lo pases demasiado mal, recuerda lo zorra que fui; Geraldine, supongo que lo viste venir. Richard Turley y Richard Golub, sé que podría haber sido una estrella pero decidí que no quería serlo. Manuel, estoy mejor ahora, lejos de aquí. Terry, te quiero. Susan, lo siento, sabías que no podría durar, yo siempre lo supe. Ojalá nos volvamos a encontrar todos de nuevo. Adiós por ahora. Os quiere siempre, Candy Darling".
Joe Dallesandro: uno de los mayores iconos gays de la historia e impresionante chulazo (en todos los sentidos de la palabra, incluso en el económico); actor porno, delincuente juvenil, alcohólico y heroinómano, protagonista de muchas de las películas de Warhol y Paul Morrissey. En el año 1996 posó junto a Kate Moss para una campaña de Calvin Klein. Protagonizó la mayor parte de las películas del tándem Warhol-Morrissey incluyendo la trilogía "Flesh" formada por los films "Flesh", "Trash" y "Heat", en los cuales Dalessandro pasaba buena parte del metraje desnudo. Su entrepierna es el objeto principal de la portada del disco "Sticky Fingers" de los Rolling Stones y su imagen también fue utilizada por The Smiths en las portadas de su primer álbum homónimo "The Smiths" y de su single "Hand in Glove". Dallesandro fue el primer sex symbol masculino abiertamente erotizado que caminaba desnudo a través de la pantalla.
Sugar Plum Fairy:de nombre real Joe Campbell, fue el novio del ahora más famoso politico gay asesinado Harvey Milk, papel que interpreto James Franco en la pelicula biografica "Milk". Se unio al clan Warhol despues de que acabara su relación con Harvey Milk (6 años, la relación mas larga del político). Fue parte de la escena artistica y vanguardista del Greenwich Village.
Jackie Curtis: travesti y poeta, muerta de una sobredosis en el año 1985, a la edad de 38 años, y otro de los miembros del clan Factory de Warhol (llevaba tatuado ANDY en su brazo como símbolo de devoción). Tras su muerte, un amigo encontró una nota escrita por ella que decía: “No eres realmente una Superestrella de Warhol a menos que estés muerta”. Jackie compartió apartamento con Candy Darling durante algún tiempo.
Si, es hermoso saber que nos comunicamos, y no solo compartir y
aprender todas las cosas, nu...
Muchos de los cuentos contienen elementos con los que no cuadro,
desde el machismo hasta otr...
gracias a ambos; me alegra que el relato os haya gustado.
Pues yo discrepo de Trajano, me gustan los cuentos, las
historias, me encantan y sobre todo ...
Excelente cuento, jerof. Me has hecho pasar por muchas estaciones
mentales, me has dado dive...
Sencillamente divino, me ha encantado su originalidad, he
escuchado muchas definciones de la...
Hemos quitado tu direccion, por favor no dejeis vuestro correo
aqui ni en ningun sitio de in...
pedro navajas me gustaria ablar cn tigoo sobre un tema importante
para mi porfabor agregame ...
ESA CANCION EWS EXPECTACULAR
suponía que se venderían los derechos al cine y un buen director
artístico paliará los defec...
Muy interesante. Decirte que sí, que la Warner ha comprado los
derechos de la novela para ll...
los`` prejuicios´´ contra los culturetas que muestras no se de
que van ,no hay nada malo en ...
Tío, nada que objetar ni criticar a tu artículo porque es la
purísima verdad. Todo aquel que...
Me uno a tu agradecimiento, y te indico ya que
culturaencadena.com, a partir de septiembre, ...
Creo que también deberías juzgar a las obras, sabiendo un poco
más sobre sus creadores. Si...